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Chronicle of the NonPop Revolution


Con Pentagramas en las Gafas Todo es Música

by David Alarcón Folgado


"Algoritmo: conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema."
En este caso y como siempre: el problema soy yo, o sea tú.

      Lo que hoy es evidente, ayer era aleatorio. Lo que es caótico hoy, será obvio mañana, quizás pasado mañana. De manera que la referencia de lo caótico define el nivel de desarrollo de las sociedades y sus individuos. Sólo hay un mundo probable y es exactamente así. Tal como lo conoces, con todo lo que has visto y lo que no.


      ¿Cuánto suman un tercio de mis ovejas con la mitad de las tuyas? La respuesta es bien sencilla: muchas ovejas, es decir, un rebaño. Así, manejamos los sonidos de forma discreta o grosera. ¿Sonidos a puñados? Además, podemos matizar la grosería: puñados, montones, racimos, etc... Aunque aún no distinguimos qué es un sonido y qué es la suma de varios. Ya nos planteó Iannis Xennakis: ¿cuántos pelos hay que quitarle a una melena para que se convierta en una calva? ¿cuánto debo adelantar o retrasar una nota para que un ritmo se convierta en otro?

      Al menos en teoría, cualquier composición podría ocurrir y, en cambio, la cantidad de eventos musicales en una obra siempre es inferior al millón. Según cómo se mire. Para colmo. Toda la música clásica para piano tiene el mismo tratamiento coreográfico: un intérprete y un piano. Quizá ésto es porque la música no se ve. Quizá debería seguir siendo así: invisible.


      Una tarde entresemana fui a casa de Peter Beuyls para hablar de música... quiso enseñarme una de sus obras y me explicó que había encontrado un interesantísimo parecido entre la forma que tienen los animales para agruparse en manadas en Europa y una de las leyes de la turbulencia hidrodinámica (cuando quitamos el tapón en una pila llena de agua), una vez introducidos los datos en el ordenador había hecho una obra utilizando una función semejante: disparó su PC y escuchamos largo rato para observar qué ocurría con cada línea musical; pasado un tiempo le dije algo así como:

      - ¿no te parece que los sonidos que empleas son demasiado estandarizados para una música tan especial?
      y tan tranquilamente me respondió:
      - el sonido me da igual ¿te gusta el piano?
      y, pulsando una tecla, asignó toda aquella polifonía a sonidos de pseudo-piano...
      ... es hermoso el proceso mismo que genera esa música caótica, que ni el mismo autor tenía interés alguno en silbar, y ni siquiera podía predecir: disfrutaba de observar la distribución de los acontecimientos musicales...


      Un hombre, quizá todavía peludo, golpea un tronco hueco y se maravilla con el sonido. Intenta pues, repetir esa magia para hacerse dominador del acontecimiento y ejectutarlo a voluntad. Una vez aprendidos algunos movimientos aislados, intentará concretar un orden para la aparición de éstos, lo que le proporcionará la limitación evidente de la memoria. Así, la notación y cuantificación de los eventos sonoros será la única salida posible.

      Carácter rebelde el nuestro, descubrimos que no se lee dos veces el mismo texto del mismo modo y que restringirse a reproducir una ristra de datos dificulta imaginar simultáneamente. Queremos entonces improvisar. Asumidas unas pequeñas reglas generales, todo lo demás cabe. Vorágine y orgía de ideas que se esparcen hasta perder el sentido.

      Sumergidos en la ambigüedad, los criterios de belleza se nos quedan frágiles y efímeros. Incluso con la composición en tiempo real. Aparece así, el sueño de someter la secuencia a un criterio matemático coherente y no al caprichoso gusto del autor y/o del intérprete, siempre afectados por modas, escuelas y otras debilidades. Estructuramos la sonata, la fuga o la rumba.

      Y, si todo es una cuestión de proporciones, ¿por qué no usar una misma serie de valores para todos los elementos del proceso?, un sistema autorrecurrente en que cada parte contenga la misma coherencia que la totalidad. Se trata del serialismo, extrapolación de lo dodecafónico. Al igual que la serie cromosómica nos determina en todos los aspectos, la serie (musical) se aplica en diversos parámetros con diferentes dimensiones.

      Puesto que la línea siempre es mayor que unos cuantos de sus puntos, una función siempre es más precisa que cualquier secuencia de pasos: comenzamos a utilizar la parábola por la escalera, la ecuación por la melodía. Sigamos esta aventura pues la coherencia matemática, incluso natural, dista mucho de ser humana, perceptible o conmovedora.

      Estamos a punto de someter la secuencia a un acontecimiento de evidente eficacia vivencial: un golpe de tambor por cada jadeo del acto sexual, un trompetazo por cada grito o un pinzado de cuerdas por mordisco. Música-dados, música-Tarot, música-constelaciones.


      "Harto de que la música me ocurra a mí, quiero ocurrirla yo". Hasta este momento el espectador necesita atender (dejarse llevar), con lo que eso supone de sumisión del ritmo vital.

      El primer individuo sigue el pulso renunciando a su propia noción de velocidad. El público evoluciona sugiriendo variables. Así la música pasa de ser un ritual de grupo en que todos se dejan llevar por el gurú o artista, a ser una bacanal en que cada uno se mueve con relativa libertad (sólo para velocidades dobles o triples). Más tarde, la música es un espectáculo distante, pero presente, al que contemplar pasivamente (como al paisaje), aquí ya nadie se mueve más que el músico o maestro; y ahora, quiere ser el grupo de espectadores quien determine qué ocurre dentro del sistema propuesto por el genio o informático.

      Ahora el compositor es el delimitador de un mundo caótico en que el oyente se siente libre y determinante.

      improvisa lo que quieras; cantando entre la y la#, con una intensidad de pianísimo, al límite de la aparición del sonido, en impulsos contínuos de más de 10 segundos de duración y sin pronunciar consonante alguna

      En cierta manera es el instrumento quien contiene las músicas que sobre él se ejecutan. El "luthier" (fabricante de instrumentos musicales) es el verdadero artista; marca los límites de un juego en que compositores e intérpretes son los jugadores y cada concierto es una partida. Un deporte sin ganador, en que los participantes son elevados al acto de la creación y de la vanidad. La máquina de hacer música es una escultura interactiva con infinitas lecturas posibles.

      En principio los márgenes de la música son los de la percepción, pero también los el proceso intelectual. Algo se enciende en nosotros cuando reconocemos una música (quizá la experiencia a la que la vinculamos o quizá el ego). Esta vivencia de la música elimina toda posibilidad de aleatoriedad, parece que queremos aprenderla por temor a su sorpresa. Predictibilidad de la música como terapia de reafirmación. Si cantamos lo mismo, tendremos algo en común.


      El festival Ensems trajo a Franco Donatoni a Valencia, así que no quise perder la oportunidad de hablar con él. Accedió, siempre y cuando mi acompañante estuviera presente. Nos recibió en el hotel vestido con una toalla y capazos de galanterías. No tuve más remedio que hacerle hablar sobre el serialismo integral y la composición algorítmica. Me contó la historia de la máquina de separar guisantes. Parece ser que un italiano ingenioso inventó una máquina de enormes dimensiones, gran tonelaje y alimentada por gasolina, que era capaz de separar los guisantes de sus vainas y distribuirlos según su tamaño. Un esfuerzo gigantesco para algo tan sencillo. Escuche algunas groserías, más o menos graciosas, hasta que mi amiga parecía decidida a abandonar la habitación. Creí entenderle y pregunté entonces al maestro por la determinación o el azar como criterio de composición musical. Me dijo que la primera vez que vió a Cage fue en uno de esos festivales europeos donde se reunen compositores y musicólogos para teorizar y discutir. Se hicieron "amiguetes", se sintieron cercanos el uno al otro en ideologías y proyectos. La siguiente vez que le vió, Cage le rechazó el saludo. Como Judas, hizo como si no le conociera. Tiempo después se encontraron y el americano dijo no recordar ese encuentro fugaz y dijo también sentirse muy próximo al italiano. Estas alternativas se sucedieron de manera aleatoria durante muchos años en que Franco Donatoni y John Cage fueron presentados (re-presentados) por diferentes personas en diferentes lugares y momentos. ¿Quizá Cage también presumiría de conocerle a él?

      Concluyo que la determinación es presuntuosa, es la enfermedad del control. Al fin y al cabo, y a pesar del intéprete, cualquier frase muy difícil e tocar se convierte en aleatoria.

      En una clase de composición, el maestro Brncic nos propuso escirbir una sola nota en un papelito. Los reunió todos y los lanzó sobre la mesa, uimos abriendo los papeles y anotando el resultado. Estábamos componiendo con azar y aquello contenía una elección de cada uno: nuestro ego en juego. Pedimos a una de las asistentes, pianista, que leyera aquella melodía de 20 o 25 notas: ¡purrutrulín! la interpretó en dos segundos y nos volvió a sorprender a todos. Nadie había decidido el tempo.

      Definitivamente no hay nada objetivo en el hecho musical. Es nuestra mente quien genera las ideas de belleza, gloria o pasión. "La mirada hace el cuadro". Desde tu balcón, escucha el concierto que la ciudad te ofrece. El silencio es mentira. En Alcoy, las fábricas de producción textil funcionaron durante años en un sistema de turnos que no paraba la producción. Así que los ritmos de las lanzaderas formaban el ruído de fondo en la vida de aquella gente, 24 horas al día.

      El caso es que cualquiera de los criterios de composición es definible desde el punto de vista informático, con lo que una inteligencia artificial relativamente básica puede generar creaciones impredecibles y satisfactorias en cualquier "estilo". Como veo mi credibilidad en juego, ofrezco como referencia el LIPM Laboratorio de Informática y Psicoacústica Musical de Buenos Aires que dirige Francisco Kröepfl. Allí se desarrolla un software de composición aleatoria por "tendencias" y "gustos".

      Finalmente, componer es elegir. Elección de alturas, intensidades, duraciones, instrumentaciones, densidades, estructuras, jerarquías,etc...

      ¿No elegir es no componer?


la música, como la lengua,es una forma de comunicación,pero también;
la nota, como la palabra,formaliza el pensamiento, y así:
cada piezaes una forma de conocimiento

David Alarcón (músico raro)